Qué bien se está cuando se está bien. Qué bien se está cuando antes de la suelta ya han tronado los cielos porque la traviesa y la cuerda no enfrían los rifles. Qué bien se está cuando los lances se suceden, el caballo horquilla a cada tranco y todos los perreros van a la mano contentos, reflejando sus alegrías en las ladras de sus perros.