Cómo osas decir que sabes comenzar de nuevo si no has visto un amanecer entre escarchas a golpe de mosquero, sólo roto por el aleteo de una patirroja a la que has robado el sueño. 

Cómo te atreves sólo a pensar que ha palpitado tu corazón a doble tranco si no has vivido la fiesta de una suelta de recovas en una mañana de enero.

Cómo se te ocurre barruntar de soslayo que has olido la naturaleza si no has respirado los desgarros de una corcha recién sacada de un regio alcornoque que se queda frío y en carne viva.

Cómo quieres convencerme de lo que es adrenalina, locura o dislate si no has vivido la tragedia de un agarre, la violencia de una echada a una utrera o la lucha inagotable y mortal de dos corzos en pleno celo.

Cómo pretendes hablar de vida si no has visto la muerte como parte de la misma, o conversar de paz en noches de relente cuando no has vivido tormentas fieras en penumbras de ronda y cuchillo.

Cómo pretendes hablar de lágrimas cuando no has visto un atardecer en solitario donde os encontráis solos tú y tus miserias. Tus aciertos son más aciertos y los errores han hecho más duras tus cicatrices.

Cómo lanzas suspiros al viento, si no viste a lomos de tu caballo a alguien a quien jamás podrás tener…

Qué inconsciencia la tuya, la de  venir aquí a hablar de un campo que no conoces, de una sierra que no has sufrido, de unas calimas que no afectan tu hacienda o unas heladas que no arrugan tus manos.

Locura total, y no de la hermosa, al escupir párrafos de película desde la comodidad de una moqueta, discursos vanos de criterio desde la facilidad de la carretera. Frases hechas y elocuentes tan hipócritas como falsas. Qué sencillo es hablar de risas cuando uno no sabe lo que es llorar…

Poca envidia me das. Por eso no cambio mis espuelas a tus deportivas. Mis alanos a tus lamechochos, tus quinoas a mis tasajos. Ni siquiera tus asientos mullidos a mi manta zamorana…

Mundos de otros universos. El mundo de siempre frente al mundo de los de siempre; los que hablan de naturaleza y equilibrio sin saber diferenciar un chaparro de un Seat Ibiza.

Pero sigue tu camino que un servidor continúa por la vereda, es más sinuosa y escarpada. Pero más hermosa. Y huele a lo mío. A campo.

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