Ayer fue un día de victoria.  Victoria con letras mayúsculas. Fue el grito aunado de la gente que vive y ama la tierra. Pero la tierra salvaje, inhóspita, dura, cruel y sincera, no la de la maceta o el parque en medio de la ciudad. 

Centeneras de banderas y colores, pero todos bajo una sola intención, la de ser respetados y tenidos en cuenta.  Sin violencia ni odio, demostrando convivencia. Formando un ecosistema ordenado de intenciones, de aspiraciones y de necesidades. 

Mostrábamos nuestro enfado contra los que nos ignoran o nos regulan a instancias de unos intereses disfrazados de buenísmo. 

Estamos hartos y somos muchos y nos hemos unido. Lo peor que podía pasarle a los gobernantes que buscan permanecer, les ha pasado por su ignorancia y soberbia. 

Pueden contar medias verdades lo telediarios, pueden contar dividiendo entre 4 los que allí estábamos. Pero los que estábamos, sabemos la verdad y nos sentimos orgullosos.  Y esa masa enfadada no es tonta y sabe pegar dónde más duele. El campo no tiene bandera política, pero los que hoy estáis en el gobierno habéis demostrado que toda esta marea no os importa.

En las urnas se os reconocerá el tiempo que habéis ignorado al gigante dormido del campo. 

Y a los medios de comunicación… arrieros somos y en el camino nos encontraremos.  Habéis hecho uso de vuestra mejor arma que es la desinformación, pero las redes sociales hoy tienen mas llegada que vosotros.

No vamos a dar ni un paso atrás. De hecho, estamos cogiendo carrerilla. 

 

Este grito ya no lo calla nadie. 

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