Se generaba hace un tiempo en las RRSS (de las que no formo parte integrante por motivos estrictamente personales) cierta polémica por una serie de comentarios efectuados por D. Arturo Pérez Reverte a la vista de unas fotografías de cazadores posando con algunas piezas abatidas. En tales comentarios, el citado autor, criticaba, no sólo a quiénes aparecían en las meritadas fotografías, si no, de alguna manera, a la práctica de la caza en general. Tuve conocimiento de los mismos a través de un insigne Club de Cazadores del que me honra formar parte, el Real Club de Monteros. No me detendré ni un segundo en efectuar valoraciones, ni calificaciones de lo sostenido por el Sr. Reverte, pues, ni tengo ganas, ni nada en particular contra el polémico autor, por el que siento profundo respeto como no cazador que, a la vista está, no tiene correspondencia en sentido inverso; amén que, a mi entender, recibieron magistral, cumplida y respetuosa respuesta de la mano del grande Lolo de Juan, con el que comparto afición montera y pluma en esta decana publicación. Lo que sólo me interesa comentar son dos aspectos de la respuesta que el Sr. Reverte le dio a Lolo tras su epístola contestataria por lo relevante que, para nosotros, cazadores, supone advertir los mismos y obrar en consecuencia para intentar mejorar la opinión de los no cazadores sobre la caza porque, sin duda, redundará en la pacífica práctica de nuestra afición (casi nada comparto, o muy poco, de lo dicho con cierto atributo de superioridad, y un deje de autosuficiencia, por parte del Sr. Reverte; carece para mí de interés, pues no es más que otro infundado ataque visceral contra la actividad cinegética del que se vislumbra, como no podía ser de otra manera, bastante desconocimiento pese a lo allí manifestado a título particular sobre la relación con amigos cazadores, la naturaleza etc…). El primero, sobre el que ya llueve sobre mojado, las dichosas fotografías que los cazadores remitimos por apps, RRSS etc… De verdad, debemos hacer un esfuerzo por evitar lanzar al ciberespacio imágenes (la primera de las comentadas por el Sr. Reverte, realmente no lo era) carentes de estética. Animales ensangrentados, en cualquier posición, en, a veces, escorzos que dañan la vista, con desmesurado número de piezas cobradas, que no reflejan el respeto que sentimos por los mismos; por favor, no. Guardémoslas. Esas fotografías deben quedarse en las carpetas de los móviles, o el que quiera editarlas, si le gustan (a mí me horrorizan), en sus álbumes de fotos para compartirlas con sus amigos, o con quién quiera verlas, pero en la más estricta intimidad. Paremos ya de herir otras sensibilidades y de dar carnaza al encarnizado enemigo que no descansa. No seamos memos, en nuestra mano, y sólo en la nuestra, está evitarlo. El primer paso es entonar el mea culpa, el segundo parar de hacerlo. Creo, sinceramente, que el colectivo de cazadores españoles vamos mejorando en este aspecto, pero, sin duda, nos queda camino por recorrer. La caza está ávida de ética, pero también de estética. En España nunca cuidamos mucho este aspecto, pero ahora toca hacerlo, de forma urgente, sin más consideraciones. El segundo, el garrafal error que comete el Sr. Reverte, pero que desvela lo que piensa mucha gente, cuando equipara a furtivos con cazadores legales (“Y usted sabe, como yo lo sé, que no siempre la linde entre unos y otros queda clara ”). Por ahí no, por ahí no podemos pasar. Está claro que debemos seguir redoblando esfuerzos para que se comprenda que el cazador furtivo es un delincuente con mayúsculas, cuya actividad está sancionada por nuestro Código Penal duramente, que nada tiene que ver con el cazador que practica la venatoria dentro del amparo normativo que la regula y con sujeción a las normas y disposiciones que la desarrollan. Srs. no cazadores. Entiéndanlo de una santa vez. El cazador furtivo es el enemigo número uno del cazador, ni siquiera hace falta adjetivarlo con el término de legal. El furtivo es un delincuente y la mayoría de las veces un desalmado que sólo vela por el propio interés, abusando, asaltando, la dura y costosa labor de conservación ajena (esa que hacemos los cazadores y que muchos de Vds., seres anticaza, se empecinan, injustamente, en no querer ver, ni reconocer), la que día a día lleva cabo el dueño del acotado, su gestor o la cuadrilla de amigos. Que nadie nos meta en el mismo saco. Nos repugnan tanto o más que Vds. Entre ellos y nosotros no existe una pequeña linde de separación. Nada más lejano a la realidad. Existe una importante línea roja, un muro de Berlín, una muralla china. No hagan pagar a justos por pecadores, porque cometen una enorme injustica. La grandísima pléyade de cazadores patrios no se dedica a “asesinar animales”, como dicen, para cortarles la cabeza, y lucir o vender el trofeo, dejando el resto abandonado en el campo. Falacia de la que abusan en demasía. Va siendo hora ya de que recapaciten en este aspecto. El mundo de la caza lucha contra la lacra del furtivismo, como nadie, mucho más que Vds., denunciando, poniendo estos hechos delictivos en conocimiento de la autoridad policial, personándose a través de asociaciones y de federaciones en los procedimientos que se entablan en calidad de acusación particular, contra estos desalmados. En estos duros tiempos que corren, desde el mundo cinegético se han puesto en marcha diversos proyectos solidarios para hacer llegar carne de caza (mucho más sana que ninguna otra) a personas desfavorecidas contribuyendo así a paliar las graves consecuencias que esta tremenda crisis nos está dejando. Háganos el favor de meditar algo antes de desbarrar contra los cazadores y difundir falsedades y gratuidades como las que el Sr Reverte plasma en su escrito. A nadie favorecen (bueno sí, a los furtivos). Flaco favor. Como decía, cuando, incluso, alguien con buena formación, como se supone debe tener el Sr. Reverte, sostiene sin ambages tal apreciación, debemos ser conscientes que hay que triplicar esfuerzos para seguir intentado revertir es injusta imagen que desde hace tiempo se viene difundiendo contra el mundo de la caza. Es dolorosa esa criminalización. La perversión comparativa (racismo ideológico) cazador = furtivo. Entre todos podemos, debemos, conseguirlo. Al toro.

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