A Juanjo Muñoz, uno de esos amigos que el tiempo no borra.

Tiene los cuernos en media luna y las barbas largas y aristocráticas. Va en piaras numerosas, corre paredes blindadas y no conoce el cansancio. De sesteo ocupa las atalayas más estratégicas con un par de centinelas siempre en vela. Duro de nalgas, de cuello y de remos. Más duro aún de defensas… Es el íbice más grande del mundo… Es el íbice del Tien Shan.

Lo que ocurre en la montaña, en la montaña siempre quedará. Y lo que ésta bendice queda sacramentado por Orden Divina. Las amistades que surgen en mitad de ninguna parte son las más sinceras. Y mi acompañante y un servidor hemos ido a conocernos a una de las cimas más altas de Kirguisztan.

Van a hacer una batida y de premio colocan juntos a dos desconocidos. Una piara de hembras de marco polo corren a cumplir cerca de nuestro puesto. Es una distancia astronómica. Es la caza extrema de la alta montaña…

A lo lejos coronan los cabros. A lo lejos, muy lejos, presumen de su soberbia y altanería. Saben que están más cerca del Creador que de los mortales. Llevan contemplando el mundo desde las atalayas más cimeras, desde que éste nació hasta que deje de existir.

Todo lo imprevisible siempre tiene su toque de ilógica. Corrieron sierra abajo, más abajo de lo esperado. Las balas no entienden  de distancias ni de instintos. Las balas sólo vuelan donde se les manda. Los animales estaban más abajo que nosotros, en un hondo, y ante el peligro siempre huyen a los altos. Probé suerte para jugar con los ecos y sonidos de la sierra. Al disparo ajustado a su parte baja, desorientados corrieron barrera arriba directos a nuestra posición… Habían mordido el anzuelo… Sus ganas de estar por encima del mundo les iban a llevar a donde nosotros les aguardábamos…

Los cuatro últimos gastan buen porte. Los cuatro últimos son cuatro machos de peso. Indico a mi amigo la tremenda distancia. Apunta, yerra. Apunta de nuevo, atina levemente. Apunta otra vez… Y me impera que también tire.

Cogí mi viejo 300. Busqué el de mayor porte entre carreras y piedras que ruedan en un momento de tensión y alboroto… Los animales se ven metidos en una trampa de novatos. Pero noveles o expertos íbamos a comportarnos como profesionales. Llevamos demasiado tiempo soñando con este momento.  Hay más metros de lo esperado. Distancia de locos… Ni la digo ni lo cuento. Apunto, corrijo a ojo. Aprieto el acero…

Allí acabó su carrera. Y allí su inmensa historia. Su esbelta figura no reinará las alturas mirando con desprecio a sus habitantes y con aprecio a su alrededor…

El íbice del Tien Shan… El íbice más grande del mundo…

 

M.J. “Polvorilla”

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