Tenemos claro que el rececho, siempre que sea bien aplicado, es el modo de caza más selectivo que se practica en la actualidad. Sin embargo, ¿acaso otros tipos de caza como la batida no son eficaces desde el punto de vista de gestión? Pues yo creo que todo esto depende completamente de la buena praxis del cazador/es en cuestión.

No conozco especie más complicada para diferenciar los sexos de los individuos a la carrera que el jabalí y sin embargo en Alemania y otros países de Norte de Europa, se llega a hacer gestión de estos animales en batida, vetando la caza de unos u otros sexos y edades en base a las normas que imponen en cada una de estas cacerías. Y viendo esto, ¿quieren hacerme creer que sería muy complicado gestionar especies como el corzo en las típicas batidas o monterías de nuestro país? Yo opino que todo tipo de caza es respetable, y por lo tanto no veo alarmante la posibilidad de encontrar un corzo en la junta de carne.

Bien es cierto que las diferencias entre las diversas comunidades autónomas de nuestro país son más que evidentes pasando por las fechas de veda hasta la unificación de licencias de caza o simplemente los requisitos para hacerse con ellas, puntos estos dignos de otro ‘monólogo’ futuro. Centrémonos en el tema en cuestión, mientras que en alguna comunidad se puede cazar el corzo durante prácticamente 11 meses en otras se puede apenas 5 meses, y únicamente en modalidad de rececho.

Pues bajo mi punto de vista, la caza del corzo en las pequeñas batidas de alta montaña del norte es más que apasionante, siendo este pequeño cérvido escurridizo y listo como ninguno, engañando a perros y perreros de manera constante con sus quiebros y paradas, como si de un futbolista se tratase. Y no sería la primera vez que oigo a un perrero decir que no quiere ir de caza a una zona, por el temor de perder sus perros en el monte tras tan escurridizo adversario.

Bien, os puedo asegurar que permanecer tranquilo en tu puesto oyendo a lo lejos los perros latir hacia ti, es más que complicado, más aún si sabes que se trata de un pequeño capreolus el autor de dicha persecución, ya que te podrá cumplir por dónde menos lo esperes y de seguro antes se parará a observar e incluso localizará tu posición y tratará de evitarte.

En cuanto a gestión, tampoco es complicado dar con la clave, ya que hasta el momento de perder las cuernas es fácil diferenciar los sexos de esta especie, presentando más dificultades posteriormente, pero que tan sólo requerirán de un poco más de atención y perspicacia. De este modo, ¿quién dice que no somos capaces de gestionar esta especie practicando esta modalidad?, más aún en montes muy cerrados.

Si alguna pega hay que poner a esta caza, sería el hecho de permitir abatir machos una vez que han tirado la cuerna, pero es más tema de la administración competente que de la modalidad en sí.

Fácilmente podremos controlar entonces la población de estos ungulados, abatiendo únicamente aquellos ejemplares objeto de un control específico, que en zonas de espesa vegetación de otra manera sería muy difícil, por no decir imposible, poder incluso acceder a ellos. Y evidentemente, si de lo que se trata es de gestión deberemos respetar aquellos ejemplares reproductores o con futuro. No sería de hecho la primera vez que miro hacia el lado contrario de mi postura, cuando por el rabillo del ojo veo entrar un prometedor corzo, pues a pesar de ser esta una modalidad apasionante el rececho también tiene un encanto especial para mí, y tener una población suficiente y con buena calidad en el acotado es el sueño de cualquier cazador.

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