En el artículo del mes de septiembre hice un paréntesis que me mueve hoy a decantarme en este nuevo artículo por la defensa y promoción de una de nuestras razas de perro de rastro que más admiro, el sabueso español.

Como decía en el meritado artículo, somos los españoles desde hace décadas “especialistas” en dar más valor a lo que viene de fuera que a lo de propia cosecha. ¿Complejo histórico por haber sido durante años uno de los países ubicados a la cola de Europa?. Es más que probable. De tal modo que, todo lo que nos “oliera” a extranjero, nos parecía infinitamente mejor que lo nacional. Gracias a Dios parece que esta tendencia se revierte poco a poco y que, según nuestra sociedad se ha ido occidentalizando a pasos agigantados, con todo lo que de mejoras y pérdidas que ello comporta, comenzamos a darnos cuenta de que lo propio es tan bueno e incluso mejor que lo ajeno. La globalización tiene mucho que ver con ello. El exceso de igualitarismo termina provocando para muchos la búsqueda de la identidad parcialmente perdida, diluida por un asimilar agotador y poco creativo, y la vuelta a nuestra originalidad.

Hace no tanto años, cuando uno salía al extranjero (resto de Europa, EE.UU., etc…) encontraba aquellos objetos, comercios, etc… que aquí no existían, y que eran codiciados por su escasez o total ausencia. Hoy no, ya no hay prácticamente nada en estos países que no podamos encontrar en España en el Hiper Asia de la esquina. Todo en exceso parecido.

En el uso de perros de caza, salvo escasas excepciones, nos pasó a los españoles otro tanto. No he dejado de ver, casi desde que empecé a cazar en mi infancia con escopeta, perros de muestra británicos y continentales en masiva mayoría respecto de nuestras razas (perdigueros y pachones), que sólo llegué a atisbar en contadísimas ocasiones. Yo también caí en ello, víctima de la moda imperante, hasta que decidí ir contracorriente y probar con nuestros perros. Uno de los mejores perros que he tenido en mi vida fue un precioso pachón navarro que tenía unos vientos magníficos y era de una seguridad sorprendente en su trabajo, equilibrio, serenidad, completísimo; nada que envidiar a bracos, pointers, bretones etc….

Pero hoy le toca al sabueso español. La proliferación de perros de rastro de sangre en suelo patrio no ha dejado de producirse en estos últimos años siguiendo la corriente nacida en Centroeuropa hace algunas décadas. Teckel y sabueso de Baviera se llevan el gato al agua sin duda. Cierto, son magníficos. He tenido un teckel estupendo y muchos amigos con bavieras a los que he contemplado evolucionar con pleno acierto. Sin embargo, decidí apostar por lo nuestro y volqué mi búsqueda en el sabueso español que, aunque sólo fuese por la enorme belleza que me transmitía, me atraía profundamente. Y no me equivoqué. Suponía que, aun no habiendo sido seleccionado para ser un especialista puro en rastro de sangre, el sabueso español tenía que tener muy buenas dotes para ello. Investigué y di con un magnífico criador en mi patria chica, Asturias, Rubén Rubio Fernández, guarda de caza, y criador con el afijo “Valdemaría”, que me aseguró que el sabueso español bien entrenado a la sangre era de una seguridad pasmosa. Dicho y hecho, me hice con uno, tras la desgraciada pérdida de mi teckel y les puedo garantizar que estoy obteniendo unos resultados que me han dejado absolutamente sorprendido por la fiabilidad que demuestra. He aprendido mucho y lo sigo haciendo.

Para escribir este artículo he contactado con Rubén y su saber, paisano asturiano y especialista en rastro de sangre. El sabueso no goza de mucha implantación en suelo patrio, quedando constreñido a la zona norte de nuestro país. Al ser un perro de estricto trabajo no se presentan casi ejemplares en certámenes de belleza, lo que dificulta aún más la progresión, conocimiento y lanzamiento de la raza. Paradójicamente es la mejor raza de rastro que tenemos, al poseer un olfato finísimo.

La primera data que se tiene sobre el sabueso español es la efectuada por D. Julián Uría Riu en su libro “Los Vaqueiros de Alzada. De caza y etnografía”, en el que escribe sobre la existencia de sabuesos en el año 1100 en el Monasterio de San Juan de Corias, ubicado en Cangas de Narcea (Asturias), por reseña en el becerro del monasterio, tratándose de una donación de un particular. El Rey Alfonso X en su libro “La Montería” ya lleva a cabo, en el S XIII, una descripción morfológica del sabueso español. Argote de Molina lo hace en 1582.

Con mayor profundidad fueron Alonso Martínez de Espinar (“Arte de Ballestería y Montería”) y Juan Mateos (“Origen y dignidad de la caza”) en el S. XVII los que hablaron de este tipo de perros y la enorme relevancia que tenían una vez acabadas las cacerías para cobrar las piezas perseguidas. Fueron años florecientes.

Cuando se crea la Real Sociedad Canina de España en 1911 se inscriben doce ejemplares, procedentes de Cantabria, en veintidós años. En 1980 se empiezan a organizar las primeras concentraciones de sabuesos en España, que culminan con la fundación del Club de Sabueseros de España.

Rubén me trasladaba un artículo escrito el en el que data la utilización de perros especialistas en sangre en Europa desde el S. XIII, dadas las armas que entonces se empleaban en la caza (arcos, lanzas, ballestas) y la práctica imposibilidad de causar el óbito de las piezas en escasos metros, por lo que la ayuda canina se tornaba en indispensable para su posterior localización.

Sin embargo, con la evolución técnica aplicada a las armas de caza su uso fue reduciéndose y cayendo en el olvido. Fue a mediados del S. XIX en los países centroeuropeos cuando se retoma la cría y selección de perros de rastro de sangre, buscando especialistas en este campo del rastreo. Hoy en día su cría y uso se han popularizado gozando de buena salud.

Se ha buscado un tipo de perro que sea muy fino de nariz y rastreador por instinto, perseverante, valiente, resistente y no demasiado independiente. Se han buscado perros que sean mudos en el rastro. Y, si bien es cierto que cualquier perro de caza puede ser adiestrado al “rastro rojo”, no lo es menos que hay razas que tienen unas aptitudes específicas que los hacen prácticamente inigualables. Nuestro sabueso español es uno de ellos.

El perro de rastro hay que trabajarlo, pese a las innatas cualidades de la raza y del ejemplar. El perro de rastro no se hace solo a la sangre, hay que adiestrarlo. Será mejor buscar perros que desciendan ya de rastreadores de sangre, que sean sociables y no asustadizos. De cachorro, previos al trabajo sobre la sangre, habrá que enseñarle a aprender las órdenes básicas, tales como “no”, “quieto”, “ven”, “ sentado”, etc…

El rastro empezará a trabajarse sobre los diez meses haciéndole al cachorro rastros cortos una o dos veces por semana, sin saturar al perro. Se comenzará con viseras que deberán encontrar sin dificultad. Si demuestra afición y aptitudes se le irán complicando en distancia y menor cantidad de sangre, dejándole siempre una piel al final del rastro para que la asocie a este. Allí, al final, le felicitaremos efusivamente.

Rubén me advertía del error que suele cometerse por los propietarios que queriendo dedicar el perro al rastro lo llevan siendo un cachorro al final de las cacerías para que muerda las reses abatidas, sin haber previamente hecho rastro alguno. En nada le beneficia.

Transcurridos unos meses se le harán al cachorro rastros de mínimo 1000 metros con 250 cc de sangre espaciada y antigüedad de 24 horas. Así haremos un perro a la sangre. Con paciencia. Poco a poco se irá alargando el rastro y el tiempo. Con unas suelas trazadoras podemos, además, ayudar al perro a seguir el rastro por la pezuña del animal perseguido en los tramos en los que no haya sangre. Conviene también retirarlos de los calientes que puedan querer seguir en el pisteo.

Seguí todos estos consejos de mano de Rubén y de un muy buen amigo de nuestra sierra madrileña especialista en rastro, y criador de Bavieras, Santi Martín, y el resultado, puedo decir sin mérito alguno, es óptimo.

Mi sabueso español, Astur, cuenta con dos años de edad y lleva a sus espaldas muchos animales rastreados y encontrados con infinita solvencia. Desde que cazo con arco hace años considero absolutamente esencial acompañarme de un perro de rastro de sangre, el sabueso español cumple todas mis expectativas al respecto. Además, el perro es noble de carácter y muy tranquilo, en casa se comporta con una afabilidad sorprendente, integrándose en la familia como un miembro más. Le enseñé a no cantar durante el pisteo y a seguirme detrás si se lo ordeno. Lo aprendió sin dificultad.

El Sabueso español, bien enseñado se articula como un fantástico especialista en rastro de sangre. Lo puedo afirmar con rotundidad por experiencia propia. No en vano, en el estándar oficial del sabueso español FCI-204 se le reconoce como “sumamente efectivo en el rastro de sangre”. Démosle una oportunidad a esta joya de nuestra tierra española. Les aseguro que no se arrepentirán.

 

Ramón Menéndez-Pidal

Share This