Vivimos tiempos inesperados, encerrados en nuestras casas, añorando cosas que antes eran normales, y ahora parecen sueños.

Pasará, y será un mal recuerdo.  Pero muchos amigos, familiares o compañeros se han ido antes de tiempo.  Gentes que muchos de ellos habían resistido guerras, crisis, privaciones… se los ha llevado un estornudo somero.

La perdida es siempre un drama, pero no hay nada peor que un mal recuerdo. 

Quizás sea mejor pensar que uno se subió a un risco tras una perdiz y se fundió con el cielo. 

Quizás sea mejor pensar que otro se durmió esperando a su corzo y ahora navega en mares de trigo y centeno.

Quizás sea mejor pensar en aquel montero, que finalmente se subió al puesto de la cuerda y ahora espera la entrada de un gran macareno; que no bajará al almuerzo, que se quedará bajo una chaparra, que se ha diluido en la niebla y ahora es el aliento de la sierra.

Quizás sea mejor recordar al perrero, que ahora dirige a los canes que en otro tiempo se perdieron.  Que sus voces que resonaban en los valles, ahora son ecos.

Quizás sea mejor pensar que el zorzalero ahora vuela cielos. Que lidera una bandada que nos observa, que no se posará nunca y ahora dibuja siluetas en el firmamento.

Seguro que es mejor pensar, que aquellos, los nuestros que se fueron antes de tiempo, ahora están disfrutando en el coto eterno.  Donde los lances nos se fallan, donde no se pierden los perros.

Pensemos que cada vez que miremos a la sierra, allí en la cuerda, justo bajo el horizonte, allí están ellos.  

Quizás sea mejor.

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