Mi amigo Emilio el Moreno tiene más afición que cien zagales. Es fino en talla, espejo de que a nervio y cojones pocos le echan el guante. De pelo corto, cara simpática y un poco tartamudo. Y encima charro. Imposible tener mejores papeletas. Porque no conozco ningún charro malo. Ni tampoco ningún perrero de cierto que no sea todo corazón.