¿Suena a película épica verdad?, pues, para nuestra desgracia, nada de mundos de ficción, si no la cruda realidad.

Son ya muchas las voces que desde el mundo cinegético se levantan, cargadas de razón, contra las desmedidas imposiciones legislativas, mediáticas y reales (estas últimas llevadas a cabo por grupos radicalizados al margen de toda normativa, pero con bastante impunidad y cierto amparo de la autoridad por una difícilmente entendible pasividad represora de tales conductas), que como un tsunami nos han caído desde la vertiente animalista.

El último y certero artículo que he leído al respecto -les animo a que lo lean- escrito por Alfonso Aguado Puig (Pte de la Asociación Española de Rehalas), Dr. En Derecho, “ANIMALES CON DERECHOS: LA GRAN FALACIA”, que explica de modo impecable desde un punto de vista filosófico y vertiente técnico jurídica, la injusta equiparación que se pretende entre el hombre y los animales como sujetos de derechos igualitarios, es una rama, en este caso un leño, por su precisión, en la amontonada pira de los que llevamos años clamando contra esta indudable aberración jurídica.

Porque una cosa es el mundo de los sentimientos (todos ellos respetables), incluso el de la filosofía, y otra bien distinta la interpretación y extensión del marco jurídico por el que se rigen nuestras avanzadas sociedades democráticas. Por ello, como indica D. Alfonso en su brillante artículo, el pretendido otorgamiento del reconocimiento del mundo animal como sujeto de derechos no tiene amparo alguno en normativa existente, ni nacional, ni internacional, pues es radicalmente falso que exista una declaración de derechos de los animales aprobada por la ONU y en el ordenamiento jurídica patrio no existe disposición legislativa ni de otra índole al respecto.

Por otra parte, la perseguida humanización de los animales no es más que un sentimiento ( y como tal respetable) que ha brotado de una parte de la masa social, desconozco en qué porcentaje, generalmente del mundo urbano, que poco o nada sabe, conoce y ha visto jamás del verdadero comportamiento animal. Y es, evidentemente, esa falta de conocimiento el perfecto caldo de cultivo para que progresen las más peregrinas iniciativas en ese sentido y capten la atención de ese grupo que jamás ha comprendido, ni conocido, las leyes por las que se rige la naturaleza, iniciativas magistralmente movidas por ese sector animalista que, ya hemos podido advertir, se mueve, en muchas ocasiones, por otros fines espurios totalmente ajenos al bienestar animal.

Admito que a otros les resulte difícil, imposible, o les violente quitar la vida a otro ser vivo, pero no admito, a los que, sin justificación alguna, se oponen a que otros, cumpliendo fielmente con las normativas vigentes, lo hagan porque tengan una visión distinta de la naturaleza; por otra parte una visión más real del citado mundo. Ya he tenido la ocasión de presenciar y comprobar, hace poco me ocurrió con un amigo, que personas detractoras de nuestra actividad si se ven importunadas por cualquier animal siegan su vida sin reparo alguno. Avispas, mosquitos, arañas, tábanos, ratas, ratones, ofidios etc… parecen no formar parte de ese reino animal acreedor de legales derechos… la pobre avispa resulto aplastada sin reparos contra el parabrisas de su vehículo sin compasión alguna…¡coño! era una avispa…. Pero “bambi”…claro, bambi, es otra cosa.

 

Derivar algo tan serio como la protección animal, su conocimiento, estudio y favorecimiento, a pamplinas sensibleras de algunos creando una Dirección General del derecho animal, vacía de contenido jurídico, no puede llevarnos a nada bueno, ni a nosotros, por supuesto, ni a los pobres animales, con los que estos tipos parecen no contar. ¿Encarcelarán a los lobos por matar venados, corzos u ovejas?, ¿les preguntarán si están dispuestos a dejar de hacerlo?, ¿les darán un curso de formación para el perfecto cánido con el fin de intentar convertirlos en veganos a base piensos de origen vegetal (estupidez que ya han lanzado algunos a los medios)?. ¿Por qué no les respetan de verdad y les dejan cumplir con la función vital para la que madre naturaleza los creó hace ya miles de años?. ¿No será que bajo ese paraguas viven ya del cuento y de la subvención muchos caraduras y aprovechados?. De verdad que, con la que está cayendo, ¿no hay mejores lugares en los que invertir nuestros fondos públicos?

Ronald Reagan indicó una vez en un discurso televisado que cuanto más gobierno había menos libertad existía para los ciudadanos. Tengo la impresión de estar viviendo uno de estos momentos.

Miren señores animalistas, los cazadores, por encima de todo, respetamos a los animales, los amamos, los queremos, los estudiamos, nos apasionamos con sus costumbres y modo de vida, e intentamos, eso si, a costa de nuestro peculio, mejorar sus hábitats en la medida en que nos resulta posible y, sí, perseguimos a algunos de ellos y les damos caza porque con ellos formamos parte de ese círculo de la vida con reglas propias que vds., los autollamados animalistas, pretenden saltarse a la torera sin respetar a nadie, ni a nosotros, por desgracia, ni a los animales a los que dicen defender.

  1. Miguel Delibes decía en su libro La Primavera de Praga que por la fuerza se elimina a las personas, pero no a las ideas. Las nuestras permanecen intactas a pesar del feroz cerco que estos irrespetuosos de, para nosotros, ilógicas ideas nos están intentando imponer.

Por ello, animo a todo cazador a seguir defendiendo en todos los foros, con ideas razonables, nuestra preciosa actividad cinegética como modo de vida, sentimiento,  legítima pasión y como medio relevantísimo de conservación del medio natural y denunciar, siempre que sea preciso, tanta estulticia y aberración. Permanezcamos firmes y alegres como los irreductibles galos de los cómics de Albert Uderzo y René Goscciny, el cerco ya caerá, pues la normalidad siempre acaba por imponerse.

Si el discurso sigue siendo el mismo, si la presión irracional no ceja contra nuestra legítimo modo de entender la naturaleza y el aprovechamiento racional de sus recursos, si no queda otra, me encontrarán, junto con otros  muchos, no albergo duda, siempre enfrente, irreductiblemente; porque la actividad cinegética es más que necesaria para la conservación del reino animal como ya hemos podido comprobar en cientos de ocasiones por todo el orbe, en demasiadas ocasiones desgraciadamente, y nuestro deber es defenderla con la razón, con argumentos y con la frente bien alta frente a una ciega y miserable irracionalidad.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.    

 

Ramón Menéndez-Pidal

 

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