® lXc | Ramón Menédez Pidal

HARTO DE ….”LOS OTROS”

® LXA | Ramón Menéndez Pidal.

Ya va siendo hora…

No me apetecía nada escribir sobre este penoso episodio pero, a fecha de hoy, es ya ineludible tener que hacerlo. Desde hace años, y en una guerra sin cuartel, determinados grupos que se autodenominan ecologistas y, recientemente, el radical movimiento animalista, respaldados ambos en nuestro país por partidos políticos de extrema izquierda, luchan denodadamente por erradicar la actividad venatoria; la caza. 

Para ello emplean, con gran acierto y maestría, todos los medios que están a su alcance, especialmente las llamadas redes sociales. Actúan rápido, coordinados, y con una violencia verbal inusitada. Toman cualquier pretexto, por leve que sea, da igual, para arremeter muy virulentamente contra la caza y los cazadores. Juzgan, insultan, acusan y condenan, sin poseer facultad legal alguna para ello, e incluso, si les viene en gana, pasan a la acción directa como ya hemos podido comprobar en más de una ocasión.

Ellos atacan. Nosotros, todo lo más, intentamos torpemente defendernos, casi siempre descoordinados. Nuestro colectivo muere en cientos de asociaciones diferentes. No tenemos un frente común.

¿Vivimos en un Estado de derecho?. Pues en este campo parece que no. Las sociedades democráticas fundan su estabilidad esencialmente en el respeto a las diversas formas de pensar y de vivir, establecen su solidez en el ejercicio de la ardua tarea de buscar puntos de encuentro entre diferentes corrientes de pensamiento para alcanzar el bien común.

Estos individuos no, no viven en ese Estado. Su radicalidad obvia lo anterior. Para ellos el fin justifica los medios. Así, muy recientemente, tras hacerse viral el desafortunado vídeo subido a las redes sociales que muestra el agarre de una rehala a un venado en las proximidades de un barranco en una finca extremeña, acontecido durante el transcurso de una montería, con la desgraciada caída de doce perros y finalmente también del venado por el citado barranco – un lance de la montería,  muy, muy improbable, pero posible (realmente un mero accidente)-, hemos podido  comprobar, una vez más, como su engrasada maquinaria funciona como un “longines”.

En menos de diez minutos el líder del partido político Podemos, Pablo Iglesias, juzgando las imágenes contendidas en el video lanzó un mensaje en tales redes muy duro, injusto y, a mayor abundamiento, contrario a derecho, pues llama sin tapujos criminales a quienes practican una actividad absolutamente legal y fuertemente normada como es la caza. Y detrás de él toda la corriente de adeptos y radicales anticaza.

En esencia, el problema no radica en una discrepancia integral en el entendimiento de qué es la naturaleza y de cuál debe ser el aprovechamiento de la misma por el hombre. El problema radica en que dichos radicales, y sus corifeos con intereses políticos y partidistas, no conocen el respeto.

Por tanto, la lucha se torna desigual. Nosotros sólo intentamos defendernos con argumentos, no les atacamos, ni tan siquiera con razonamientos válidos. Nosotros podemos respetar sus creencias, sus sentimientos. Ellos jamás los nuestros. Con estas personas, los otros, no cabe el diálogo, es, sencillamente, imposible

Los argumentos del mundo de la caza, fundados en sólidos informes técnicos, científicos e incluso económicos, son desoídos deliberadamente, no son tenidos en cuenta, no les importan en absoluto. El que se haya demostrado por dichos medios que la caza es una herramienta esencial, fundamental, para la gestión ambiental de nuestros espacios naturales, el que cientos de miles de personas vivan directa o indirectamente de ella, el que la caza genere industrias, muchos puestos de trabajo y sea una actividad creadora de riqueza en zonas especialmente deprimidas, para ellos carece de toda relevancia. Del patrimonio cultural que supone, y se perdería irremediablemente con su supresión, mejor ni hablar, nos dicen que somos unos trogloditas, lo más suave, que no hemos sido capaces de evolucionar.

Todo les da igual, no reparan en las personas que tienen un medio de vida digno entorno a la actividad venatoria. No, no ven más allá de su fiebre animalista que pretende equiparar los derechos de los animales a los de las personas. Humanizar el reino animal , esa es su meta. Bajo mi punto de vista un error garrafal de impredecibles consecuencias. Por muchos y evidentes  motivos que no cabe aquí desarrollar.

Yo no considero un criminal a quién le pone un abrigo al perro, calcetines, collar de brillantes, le lleva al peluquero, o le llena la testa de lazos,  y los veo a cientos de esa guisa. A fecha de hoy no conozco can que demande voluntariamente esas atenciones. Ni saben hacerlo por sus propios medios, ni lo necesitan. La sabia naturaleza les dotó de todo lo necesario para sobrevivir en su medio sin absurdas ingerencias. Y aunque esto no me guste, de facto me espanta, no pretendo por ello que se acabe con toda la industria que se mueve alrededor de ese, para mí, indebido trato animal. Ni yo, ni nadie en su sano juicio. Simplemente respeto esas actitudes.

Estos tipos, los otros, son los que están consiguiendo que lo normal sea radical  y que lo anormal se considere lo ordinario. Ante tanto sin sentido no nos queda más remedio que defender lo nuestro, la caza natural y salvaje.

Pero para ello también hay que hacer un ejercicio de autocrítica y limitación de determinadas corrientes en nuestra propia casa. Algunos de los seguidores de San Huberto siguen realizando actos y conductas claramente reprochables. Debemos acabar ya con esas prácticas, mirando por el bien propio, siendo muy conscientes de que para ellos, los otros, nunca será suficiente nada de lo que hagamos, pues su objetivo es la supresión total y absoluta de la caza. Pero puede que para el resto de la gran masa social no radicalizada si. Aún estamos a tiempo.

Paradógicamente, en las imágenes que provocan esta nueva oleada de furibundos ataques  no interviene cazador alguno (salvo la final llegada del perrero para intentar poner fin a la trepidante escena). Se trata de un episodio natural en el que los perros guiados por su instinto predador tratan de abatir a su presa, y tan es así que les impide advertir, calcular, el riesgo que la situación les genera, lo que provoca su fatal caída uno a uno. Y porque caen perros y venado es por lo que los otros criminalizan la escena, si hubiese caído el perrero mucho me temo que la reacción hubiese sido bien diferente; me hubiese gustado ver entonces la reacción de estos defensores de la vida animal. Ya hemos podido comprobar, desgraciadamente, su reacción ante hechos de esa índole. Les hemos leído alegrarse por el sufrimiento ajeno.

¿Dónde está el límite?, ¿quién controla a esta gente?.
Nadie en sus filas se ha preocupado por el perrero, ni por sus sentimientos al perder dos de sus fieles colaboradores. Está condenado de antemano por el mero hecho de participar en la cacería.

Puedo afirmar que  ningún cazador sano, ni un auténtico cazador, goza al ver como se despeñan media rehala y un venado por un barranco, ni se divierte con ello, jamás. Pero sí tenemos que admitir, a nuestro pesar, la posibilidad de que en la práctica venatoria algo así, aunque de modo completamente accidental, acontezca. Pretender prohibir el ejercicio de la caza por este hecho es como pretender prohibir la circulación de vehículos porque fallezcan personas en accidentes,  atropellos etc…, lamentablemente son riesgos inherente a la propia actividad,  que asumimos dolorosamente, nada más.

Comprendo que tales escenas puedan dañar la sensibilidad de quién no vive, conoce, ni entiende la caza. Por eso, nuestra máxima responsabilidad debió radicar en no ofrecer ese acontecimiento, no querido por nadie, al gran público. No resulta en absoluto necesario, ni dignifica nuestra actividad.

No obstante lo anterior, nosotros, los cazadores, tenemos la obligación de defender la caza y abogar por la misma en todos los foros. No podemos escondernos más, ni jugar con las reglas que pretenden imponernos  los otros. Si queremos seguir adelante, como el valiente venado del vídeo, tenemos que vender cara la piel. Pero tenemos que dar la batalla con respeto, inteligencia, sentido común y seriedad. Basta ya de enviar imágenes que enturbian esta ancestral actividad del hombre.

Si no nos comportamos con rigor en el campo y no defendemos nuestra pasión venatoria en los medios, estaremos entonando el canto del cisne. E insisto, nosotros no atacamos, nos defendemos de una continua agresión, más cruenta que la que se criminaliza en el susodicho vídeo. Hay que mirar hacia adentro y modificar conductas, y no porque lo decidan esta banda de intransigentes, no; porque los exige nuestra propia ética como cazadores. Menos artificio, más cazar real y salvaje, rodeada de incertidumbre y sacrificio, sin resultados garantizados. No me cansaré de repetirlo.

Es absolutamente mendaz sostener, como así se sostiene en el mensaje lanzado a las redes por los citados grupos tras este suceso, que el cazador empuje a sus perros a tal desgracia con el único fin de colgar unos cuernos en la pared de su vivienda.

Miren, los cazadores de ley (la inmensa mayoría) cuando salimos al campo no buscamos la muerte. “Venari non est occidere” -cazar no es matar-, reza el lema del Real Club de Monteros. Buscamos formar parte de la naturaleza que tanto amamos, sí, mal que les pese, e interrelacionarnos con los seres que la integran, y, sí, también, asumiendo inevitablemente ser parte del juego de la vida y la muerte que la naturaleza propone.

Porque ya está bien de consentir sin replicar que estas personas, los otros, adulteren la esencia de lo natural. Que realmente hayan conseguido trasladar a la mayoría de la sociedad , tan alejada del campo,  que la naturaleza es un espacio idílico en el que no existe el dolor y el sufrimiento,  en el que, vg.r., los lobos (sujetos de derechos humanos) hablen con los venados (sujetos de derechos humanos también), que los halcones planeen sus vacaciones con las palomas torcaces (ambos sujetos de humanos derechos) y un sin fin de sandeces más (como vemos en tantas películas dirigidas al público infantil al que poco a poco le van minando y adulterando las ideas, y anestesiando su percepción de la realidad), tiene que motivarnos a dar una respuesta contundente y seria. Queridos otros, los venados no se manifiestan públicamente para que los lobos dejen de acosarlos, simplemente conviven con ellos en una equilibrada relación cazador presa. La naturaleza vive un equilibrio constante entre cazadores y presas, vive un juego permanente entre la vida y la muerte y el hombre durante cientos de miles de años formó parte del mismo, y aún hoy continúa haciéndolo, y fue precisamente esa posición de cazadores la que acabó por configurar la evolución de nuestra especie (no sé, lean a Harari, tan de moda últimamente. No es cazador). Esto no es tan tierno como “Bambi” (libro escrito por un cazador, por cierto) o como “Zootróplis”, lo admito, pero es verdad y lo otro una gran mentira.

Les puedo garantizar que si alguna vez pudiésemos devolver la vida a las especies que cazamos lo haríamos gustosos en más de una ocasión. Pero es cierto que les damos muerte, si, pero no en vano, ni por fugaz vanagloria para colgar los cuernos en la pared, de lo que nos acusan. Todo lo que cazamos se aprovecha. Comemos lo que abatimos en buena lid. Una carne sana, no adulterada.

La grandísima mayoría de los cazadores no cuelga los cuernos en la pared para, como dicen, ufanarse en un acto de presunción sin sentido. El que haga eso no merece llamarse cazador.

Muchos los colgamos como un acto de profundo respeto por la pieza que finalmente conseguimos abatIr tras el lance puro que vivimos. Aunque no lo entiendan, es un homenaje que hacemos a dichos animales, a los que por cierto cuidamos y protegemos al máximo, dedicando, esfuerzo, tiempo y dinero para admirar su belleza y porque, cada vez que los miramos, lo que nosotros llamamos trofeos, nos evocan los instantes con que vibramos al conseguirlos, las luces, los olores….. Así rendimos nuestro particular tributo al bello ser que desde entonces pasó a entrelazarse para siempre con nosotros. ¿Qué no lo comprenden? No lo pretendo, con que nos respeten es más que suficiente, pero ya sabemos que es imposible ¿Hiere contemplar una escena como la del video?, lo comprendo, perfectamente, también nos duele a nosotros. Pero la caza es muchísimo más que ese accidental suceso. Su reducción, es una reducción al absurdo. Es difícil explicar porque la caza a unas personas les hiere en su sensibilidad y a otras les despierta unos profundos sentimientos de satisfacción impresos en su código genético desde el inicio de los tiempos, códigos que nunca nos abandonaron. Los cazadores somos tan dignos de respeto como los animalistas. Metánaselo en su radical cabeza.

Hoy me desayuno con la desgraciada noticia del fallecimiento en nuestro país de una madre y una hija de mediana edad provocada por el ataque de los perros de la primera, un par de dogos de burdeos. ¿Qué hacemos?, ¿les leemos sus derechos humanos y los detenemos?, ¿les procesamos por la comisión de un delito de asesinato o de homicidio imprudente?, ¿prohibimos la tenencia de mascotas -que por mucho que los otros pretendan no se rigen por parámetros humanos, como demuestra el suceso- por el riesgo inherente de que hechos cómo ese sucedan habitualmente?. Y … ¿los otros?, ¿qué dicen los otros?. Silencio sepulcral. Vale.

Estas personas, los otros, que tanto nos difaman y vituperan, no se comportan con nosotros mejor que la jauría del vídeo con el venado al que persiguen. Agarran y no sueltan. Pero con una relevante diferencia, los perros lo hacen conducidos sólo por el atávico instinto animal con el que nacieron, ellos, los otros, con plena conciencia humana; una conciencia que me repugna, por agresiva, intolerante y violenta.

No sé a vosotros, a mí los otros me tiene harto.

Ramón Menédez-Pidal.

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