Me dicen buenos amigos que los grandes venados, tras unos días frescos en la ultima semana de agosto, han arrancado una berrea algo temprana (en abierto claro).  Son fechas apasionantes para los amantes del rececho, porque con permiso de la Cabra Montesa, el corzo  y el gamo, el venado quizás es el rey del rececho.  No por su dificultad, que según la zona, puede ser una caza muy exigente físicamente, no por la dificultad del tiro, ya que no se suele disparar a distancias demasiado largas y el objetivo es el mas grande dentro de los animales cazados en rececho en España.  Quizás sea por la majestuosidad del animal.  El puesto de rey ya estaba bien atribuido al león, pero el venado amerita el titulo del aristócrata del bosque.  Majestuoso, observante, a veces desafiante.  En ocasiones sigiloso, en otras, rompe montes, y en berrea, se convierte en el sonido de la dehesa, del valle y de las montañas.

El disparo de rececho es muy distinto al disparo en movimiento típico de batidas y monterías.  Se trata de un disparo reposado, preparado, preciso, estable.  En el rececho, yo busco acercarme lo máximo posible al animal, buscando una localización que me permita una postura estable para continuar la observación y eventualmente, efectuar el disparo.  En el caso del ciervo en berrea, mi experiencia me dice que quien te detecta son las ciervas y no los machos, que están a otra cosa.  Es por esto que es complicado acercarse a distancias inferiores a los 100 metros salvo que en aquellos terrenos que permiten no ser vistos, olidos y oídos.  El disparo de berrea suele variar de los 100 a los 250 metros de distancia.  En alguna ocasión he valorado disparar mas largo, pero solo porque el animal no daba mas opción de acercarse, porque la ubicación permitía un disparo bien apoyado y porque mi equipo me permitía realizar un disparo certero a distancias largas.

En el caso de la berrea, como en cualquier otro rececho, las claves en nuestro equipo son la munición y la óptica.

El equipo óptico debe componerse de un prismático y un buen visor.  Desde hace años uso telemetro (incorporados en los Geovid que uso habitualmente) y creo que ya no estaría tan cómodo disparando a un objetivo a media distancia sin saber la distancia.  En mis primeros recechos, recuerdo emplear un visor de 8 aumentos y disparar a la zona alta del “codillo” buscando compensar la caída de la bala “a ojo”.  Aunque tuve mis éxitos, tuve bastantes fallos, algunos atribuibles a mis nervios o mala ejecución del disparo, pero en otros casos, a no saber la distancia y dejar un disparo bajo.  Al no tratarse de disparos a larguísimas distancias y ser un objetivo grande, todo lo que sea por encima de los 8 aumentos es muy adecuado.  Sobre la campana, 50 o 56 son optimas sobre todo en zonas de bosque sucio con claro oscuros o en situaciones de penumbra matutina o crepuscular.

Teniendo medidor de distancia, y sabiendo la caída de nuestra bala, podemos calcular o bien cuando debemos sostener la cruz sobre el animal, o bien corregir con clicks en la elevación, o en la torreta balística.  Existen virguerías como los modelos de Sig Sauer que se comunican telemetro con visor mediante bluetooth y nos iluminan el punto de impacto en la retícula del visor!

La munición a elegir es siempre un debate con preferencias y casi todos cargados de razones, casi siempre acertadas.  Al tratarse de un disparo en el que el animal se encuentra estático, buscaremos una munición que tenga una buena rasante (que no caiga demasiado la bala por exceso de peso de la misma o por escasa velocidad de la misma).  Esto descarta como óptimos los calibres gruesos típicos para disparos cortos.  La clave es encontrar aquel calibre que su retroceso nos resulta aceptable, que tiene una pegada razonable y que tiene una velocidad adecuada. 

Si no somos fan de los magnum, los calibres mas recomendables son el 270, el 6,5 creedmore (y alguna otra variación) y el 308 Winchester.  Ambos con una punta y un gramaje adecuados, al ser de retroceso moderado, nos permitirán colocar muchos disparos en el sitio idóneo, permitiéndonos disparos terminales.  Si abrimos el espectro a los magnum, valen todos, siendo los óptimos el 300 WM y el 7mm por variedad de armas que lo montan y la variedad de puntas en distintos fabricantes, o los 270WSM y 300WSM por ser algo más contenidos de retroceso, pero con fenomenales rasantes.

En cuanto al arma, además de saber que agrupa bien con la munición elegida, es importante revisar la presión del gatillo.  Mi consejo es que nos la revise un armero autorizado y que nos lo deje por debajo del kilo de presión o incluso medio kilo.  Sobre qué arma es mejor, la respuesta es sencilla, siempre la que agrupe mejor los disparos.  El arma idónea suele ser el monotiro con la longitud de cañón adecuada (no demasiado cortos para aprovechar al máximo el potencial del calibre).  Pero son perfectamente válidos cualquier tipo de rifle de cerrojo o semiautomáticos.  Menos recomendable son los rifles express ya que suelen montar calibres pesados, más lentos y con mayor caída y no suelen ser tan precisos en disparos largos.

 

Sobre donde apuntar, cuello, corazón a pulmones suelen ser terminales, siendo el mas fulminante el cuello en la zona intermedia o donde se une con el cuerpo.  La ventaja del disparo de cuello es que no estropea la preciada carne de las zonas más nobles del animal, pero dificulta la taxidermia de pecho si quisiéramos hacerla.  Por otra parte, el disparo de cuello es el más difícil ya que requiere mayor precisión y temple pues el objetivo es mucho mas pequeño y no perdona si el disparo es bajo o alto.  Ante la duda, el codillo es el disparo mas habitual y aunque es probable que nos toque pistear un poco, suele tratarse de distancias cortas en las que el animal recorre esos metros prácticamente muerto.

Buena caza, temple y seguridad en los disparos.

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