Vaya por delante que este artículo no es, ni pretende ser una crítica, solo una reflexión personal.

Hoy en día los mejores ejemplares nacionales de cérvido se encuentran casi siempre en fincas extremadamente cuidadas, muchas de ellas cerradas, con salvedades en zonas donde la caza está muy restringida, es inaccesible o sin más, tienen menos presión de cazadores sobre ellos. Esto implica que abatir un gran ejemplar de ciervo o gamo no siempre es tanto cuestión de suerte y trabajo, como de cartera abultada. 

En el caso del jabalí la cosa es bien distinta.  Y es bien distinta porque el jabalí que llega a adulto y desarrolla boca prominente, lo hace por astucia y por recelo, y eso no necesariamente se da solo al abrigo de las mejores fincas.  Seguramente, si hacemos una lista de los 100 mejores macarenos cazados en España el año pasado, un buen porcentaje de ellos, ha sido cazado en fincas abiertas o en terrenos públicos.  Y es por esto por lo que el jabalí es mas “democrático”.  Porque pagar una fortuna en una finca de “postín” no es garantía de abatir un gran colmilludo.  Se ven macarenos excepcionales en monterías de coto social, de sociedades de cazadores en pequeños pueblos escondidos en serranías de cualquier provincia, en esperas en terrenos públicos. 

Y es que parar tener muchas posibilidades de cazar un buen venado casi siempre implica gastar muchos euros, mientras que el guarro tremendo puede estar esperándonos en una montería mata-cuelga de unas decenas de euros.

Sin embargo, observo en las redes sociales cada vez más fotografías de Turquía, de Rumanía, de Polonia, y un largo etcétera, con jabalíes enormes, descomunales.  Y no uno en una cacería aislada, si no varios ejemplares en una misma expedición.  Algunos cazados en batida, otros en espera, pero siempre tremendos tanto en cuerpo como en boca.  Y no hay nada malo ni criticable en ello, salvo que pasa lo mismo que con los venados “mileuristas” o los cercones.  Que es la manera de buscar el máximo trofeo pagando.  No criticaré estas modalidades de caza porque se trata de productos comerciales muy alineados con nuestro estilo de vida de las ciudades de hoy en día.  “Tengo poco tiempo y quiero la satisfacción de cazar un guarro tremendo, 3 días en Turquía y me traigo 4 bocas que serían de record en España.”

La posibilidad de cazar un buen macareno siempre es escasa y en la suerte de poder hacerlo, hay muchas variables:

  • que no haya uno en la zona que cazamos y no le haya dado ese día por cruzar la ladera de enfrente…
  • que no “tome las de Villadiego” al sentir ruido en el monte…
  • que no se quede aplastado y los perros no lo detecten…
  • que nos entre en el puesto…
  • que lo veamos y nos de tiempo a encararnos…
  • que acertemos en el disparo y podamos cobrarlo…

En resumen, que no es nada fácil, pero cada semana se demuestra que es posible en casi cualquier punto de España.  Pero es que la caza es así, incertidumbre, preparación, algo de suerte, atención, y cierto “tino” en el momento clave.  Y esto no siempre depende solo de los euros y es por eso que el jabalí es el animal de caza mayor más demócrata, al alcance o no, de todos.

Claro que, si queremos evitarnos todos estos puntos, podemos sacar unos cuantos centenares de euros de la “corriente” y darnos un homenaje en el que es cuestión de que el rifle esté a tiro y nosotros seamos capaces de meter la cruz en el cuerpo.

Que no se entienda esta reflexión como una crítica, que no lo es.  Cada uno vive la caza como la vive y yo, tengo la mía como Usted tendrá la suya. 

A mi personalmente, me da bastante más satisfacción aquel guarro de sierra que me ha hecho pasar muchas mañanas, tardes y noches de frio, paciencia, y muchas veces desesperanza, aunque tenga 10 centímetros menos.

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